lunes, 27 de julio de 2009


Llegó con su espada de madera y zapatos de payaso a comerse la ciudad, compró suerte en doña Manolita y al pasar por la Cibeles quiso sacarla a bailar un vals como dos enamorados y dormirse acurrucados a la sombra de un león, que tal, estoy sola y sin marido gracias por haber venido a abrigarme el corazón.

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