
Llegó con su espada de madera y zapatos de payaso a comerse la ciudad, compró suerte en doña Manolita y al pasar por la Cibeles quiso sacarla a bailar un vals como dos enamorados y dormirse acurrucados a la sombra de un león, que tal, estoy sola y sin marido gracias por haber venido a abrigarme el corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario